OPINION
El derecho cooperativo y la situación de Sancor

>>> Por Fermín Bertossi*

¿Acaso los directivos de la Mutual Sancor, los de Sancor Seguros, de Sancor Salud también puede ser alcanzados por una extensión de la quiebra en un eventual proceso concursal de la cooperativa matriz?

La desaparición de Sancor Cooperativas Unidas Limitadas sería un durísimo revés para tantas generaciones que apostaron a un genuino cooperativismo.

Las ascuas actuales en la familia sancorista (compuesta por productores, tamberos, peones de campo, empleados directos e indirectos, profesionales agrícolas, camioneros, recibidores, almacenes y comunidad circundante), provocadas por la sucesiva y creciente paralización o cierre de plantas de Sancor, nada tienen que ver con su origen, historia y espíritu fundacional. La empresa nació en el invierno de 1938, cuando 16 cooperativas lecheras primarias radicadas en las provincias de Santa Fe y de Córdoba se asociaron para fundar esta empresa solidaria, entonces auténticamente cooperativa.

Sancor se fue desmembrando y derrumbando por pésimas administraciones, burocracias, mediatizaciones participativas, falta de garantías suficientes en su politizada vinculación con Venezuela, etcétera. Todo ello sin perjuicio de flagrantes y reiteradas omisiones e incumplimientos de los deberes de funcionarios públicos por parte del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social, como de presuntas corrupciones y enriquecimientos ilícitos de consejeros, síndicos, auditores y asesores.

Todos ellos deberán ser investigados en caso de declaración judicial de bancarrota, cuando sean citados quienes en los últimos años conformaron sus consejos de administración, sus sindicaturas, etcétera.
¿Acaso los directivos de la Mutual Sancor, los de Sancor Seguros, de Sancor Salud también puede ser alcanzados por una extensión de la quiebra en un eventual proceso concursal de la cooperativa matriz?

Cruel epitafio

Más allá del ruido y de cierta ignorancia de los medios de comunicación, Sancor no puede superar una crisis que en 2016 ya le generó pérdidas por poco menos de 2.500 millones de pesos.

Entonces, y mal que nos pese, se fortalece la fatalidad de formalizar su quiebra cuando, conforme a nuestro derecho cooperativo vigente, no existe ninguna posibilidad legal de transformar a Sancor CUL en sociedad comercial ni asociación civil, como tampoco la de venderla de manera parcial ni total.

Semejante escenario sería más que un cruel epitafio esculpido de modo ruin por intermediarios sin límites y lucros excesivos; tal el caso de supermercadistas insaciables, transportes comerciales, carísimas publicidades, pesadísimas presiones tributarias nacionales, provinciales y municipales, altas cotizaciones sindicales, todo ellos sujetos y actores anticooperativos que se llevan los 16 pesos que hay entre los cuatro pesos que recién ahora cobraría un tambero por cada litro de leche y los 20 pesos de venta al público.

Un monto se le exige en góndola a cada consumidor por la “marca Sancor”, una marca que viene desprestigiando y desagiando su propio valor (casi mil millones de pesos). Pero, mucho más grave que eso, viene dejando en evidencia nefastas prácticas nada cooperativas, cuando los dos actores centrales de la cadena láctea –esto es, productor y consumidor– resultan los únicos perjudicados.

Finalmente, ante la hipótesis de la quiebra de Sancor CUL, no es baladí hablar de epitafio, porque esa tragedia cooperativa que significaría la desaparición de Sancor sería “un tiro de gracia” a la buena fe ínsita al cooperativismo. Buena fe malversada por consejeros, gerentes, síndicos, auditores, asesores, consultores y el Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social.

* Experto en cooperativismo

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