Los condicionantes del capitalismo al cooperativismo

Entender el capitalismo no es tarea fácil, desentrañarlo por completo es aún más laborioso, pero es imprescindible hacerlo si queremos librarnos de su nefasta acción condicionante sobre nuestra condición humana. “…Es menester darse cuenta…”, nos dice Erich Fromm.

“Y, sin embargo, todo esto apunta a una confusa revelación de la verdad: que el hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, cuando, en realidad, desea únicamente lo que se supone (socialmente) ha de desear. Para aceptar esta afirmación es menester darse cuenta de que saber lo que uno realmente quiere no es cosa tan fácil como algunos creen, sino que representa uno de los problemas más complejos que enfrentan al ser humano”. Erich Fromm.

“La dificultad especial que existe en reconocer hasta qué punto nuestros deseos —así como los pensamientos y las emociones— no son realmente nuestros sino que los hemos recibido desde afuera”. Erich Fromm.

Una y otra vez volvemos sobre la misma temática: análisis del capitalismo. ¿Por qué? Porque vivimos en sociedades capitalistas que nos joroban con sus mentiras y falacias estructurales y cuerpos de creencias que nos hacen creer que somos libres cuando que en realidad vivimos en jaulas invisibles a los ojos profanos.
Por ejemplo, la creencia de las bondades de vivir en sociedades republicanas y democráticas… ¿Qué son los poderes ejecutivo, legislativo y judicial? Se aprende en las facultades de derecho las maravillas jurídicas que regulan la vida en sociedad, el respeto a las propiedades privadas, al libre mercado, la seguridad jurídica al capital, entre otros muchos.
¿Y el derecho de la humanidad? ¿Y el derecho a enseñar y aprender cooperativismo? Los partidos políticos, herramientas del libre juego de la democracia se han convertido en corporaciones de buenos negocios, lo sabemos todos, no hace falta abundar.
Entonces, el ciudadano de a pie, el que trabaja como nos dice claramente José Larralde “el que dobla el lomo pa que otro doble sus bienes”, se encuentra ante una verdadera maraña de postulados bonitos de sus derechos pero….”a consecuencia de la crisis económica se ajustan presupuestos sociales”…un eterno engaño…al decir del gaucho argentino “como pa ganar al truco con un juego de ese modo”.
Pero, por si aún estamos cortos de argumentos que develen las consecuencias de los postulados capitalistas como la mezquindad, el egoísmo, el individualismo, que son verdaderos chips defectuosos de nuestras conciencias, y que hacen que seamos idiotas útiles al propio verdugo capitalista, puesto que cuesta pensar que es perfectamente superable y avanzar hacia una sociedad mejor, una sociedad más sana, una sociedad cooperativa, pues bien, pondremos otra referencia.
Recurrimos al tango Cambalache, esa obra monumental cuya letra y música es de Enrique Santos Discépolo (1901-1951) elegimos la última prosa:
“El que no llora no mama y el que no afana es un gil. ¡Dale, nomás…! ¡Dale, que va…! ¡Que allá en el Horno nos vamo’a encontrar…! No pienses más; sentate a un lao, que ha nadie importa si naciste honrao…Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley…”.
Entender el capitalismo no es tarea fácil, desentrañarlo por completo es aún más laborioso, pero es imprescindible hacerlo si queremos librarnos de su nefasta acción condicionante sobre nuestra condición humana. “es menester darse cuenta…”, nos dice Erich Fromm.
La estructura de las sociedades capitalistas es muy compleja y donde quiera que uno se encuentre, las personas razonan liberal-capitalistamente, pero aún en esa condición, conservan rasgos de humanidad la inmensa mayoría, no se despojan de cierta moral religiosa, de moral y ética, de solidaridad, de fraternidad y resisten a los embates propagandísticos y acciones de los neoliberales que pretenden cambiar esos valores.
Entonces, en ese contorno, las ideas del noble cooperativismo también aportan lo suyo, aporta ideales frescos y vigorosos que promueven otra forma de producción que a su vez genera otro tipo de pensamiento y acción colectiva, más humana.
El cooperativismo transformador tiene que lidiar todos los días con los impugnadores, detractores y desalentadores, que nos quieren convencer que la competitividad es lo mejor, que realizar buenos negocios y ganar buena plata a costa de cualquier cosa, debe ocupar nuestros tiempos y energías y olvidarnos de la cooperación. Dan risa y lástima. Se enfrentan a la perseverancia y la constancia de la búsqueda de lo justo y equitativo, verdad perenne… “Dios concede la victoria a la constancia”, dijo Simón Bolivar.
El entorno y las condiciones que establece el capitalismo, hoy financiero, es condicionante para su benéfico desenvolvimiento del cooperativismo transformador, pero en modo alguno lo detendrá. El capitalismo financiero está viejo y caduco, en cambio, el cooperativismo está vigoroso.
El capitalismo está en nuestras cabezas y nos llenó de miedo al cambio, sin embargo, debemos cambiar, debemos transformarnos para mejor y así transformar el mundo en bien de todos/as. Construir el mundo cooperativo.
¡En la fraternidad, un abrazo cooperativo!

Por José Yorg. El Cooperario

     

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